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Resúmenes de festivales

De estrepitosos fracasos, pequeñas sorpresas y polémicos lirismos: ¿cómo va San Sebastián? (y II)

Hoy ha sido el último día del Zinemaldia. Mañana se conocerá el palmarés que encumbrará a una de sus películas con el máximo galardón, la Concha de Oro, y un puñado con ellas en el resto de los premios. Desde el pasado viernes 21 hasta hoy se han presentado las películas a competición en el certamen, un total de catorce filmes que han levantado todo tipo de reacciones, desde las mejores hasta las peores. Entre las mejor recibidas de la primera mitad del festival, Blancanieves, El artista y la modelo, Dans la maison… ¿Y en su recta final?

La película que inauguró el martes fue uno de los títulos españoles, aunque fuese una co-producción con Italia y Croacia, el director, italiano, y el reparto, de un amplio abanico de nacionalidades. Volver a nacer (Venuto al mondo), lo nuevo como director del también actor Sergio Castellitto, y que protagoniza la intérprete española más internacional, Penélope Cruz, junto a el estadounidense Émile Hirsch, la francesa Jane Birkin o la croata Mira Furlan, confirmó los peores augurios. Uno de los fracasos más contundentes de la sección oficial, a juzgar por su recepción, ha sido la historia sobre las pérdidas y el dolor en la Guerra de Bosnia que ofrecía la cinta de Castellitto, en la que, por lo visto, la hasta ahora favorita para llevarse la Concha de Plata a Mejor Actriz, Cruz, tampoco ha salido indemne de la caída. Juan Sardá explica en El Cultural que “la guerra de Bosnia es el contexto de una historia alambicada y lacrimógena en la que casi nada parece funcionar. En su voluntad por emocionar al espectador, estira al máximo el melodramatismo hasta prácticamente provocar una involuntaria hilaridad. Penélope Cruz hace lo que puede con un personaje mal definido”. Tras protagonizar un pase de prensa lleno de abucheos y risas, Cruz fue la protagonista de una presentación que se fijó más en su persona que en la propia película. A continuación, al Kursaal llegaron dos pequeñas películas, firmadas por dos realizadores no muy conocidos, que, sin embargo, no son ajenos a los festivales de cine. La primera, El atentado (The Attack), del libanés Ziad Doueiri, mostraba, sobre la novela de Yasmina Khadra, los estragos personales y sentimentales del conflicto palestino-israelí. Su acogida fue positiva, tirando a muy buena -e incluso su actor protagonista, Ali Suliman, suena para la Concha de Plata-: Luis Martínez habla de ella en El Mundo como “sin duda una de las sorpresas más agradables del festival por el momento (…) El mérito consiste no sólo en hacer el relato verosímil, sino en hacerlo dejando el espacio suficiente entre la pantalla y el espectador para la reflexión”. Mientras, la segunda, The Dead and the Living, de la austriaca Barbara Albert, no tuvo el mismo resultado. La prensa se hizo eco del mal desarrollo de sus tramas, y de lo trillado de su propuesta; el mismo Martínez espeta en su crónica: “Ahora se trata de hurgar en la herida de la Segunda Guerra Mundial con el relato de una alemana detrás de averiguar quién fue realmente su abuelo (…) Si no existiera La caja de música (1989, Costa-Gavras) la cinta impactaría más (o algo).”

A la siguiente jornada, otra exuberante estrella -en la línea de Cruz- presentó película en la Concha. Monica Bellucci se postulaba como el principal reclamo, de buenas a primeras, de la nueva película del iraní Bahman Ghobadi, ya ganador de la Concha de Oro en dos ocasiones, Rhino Season. ¿Y sería Bellucci lo único a resaltar de la cinta? El autor de Un tiempo para los caballos borrachos (2000) o Las tortugas también vuelan (2004) presentó esta vez una poética historia de amor a través del tiempo, que tampoco tuvo la mejor acogida posible. Pero, dicho sea todo, en este caso, la cosa no pinta tan mal. Denostada por una parte de la prensa por su exceso de lirismo, su afectada puesta en escena y su gran y finalmente vacua pretensión, y alabada por la otra -nótese la diferencia- por su sentido lirismo, su arrebatadora puesta en escena y sus cualidades de “obra maestra”, la cinta de Ghobadi suena incluso a palmarés. Una de cal y otra de arena: Alejandro G. Calvo dice de ella en Sensacine que “probablemente, sea la película más sincera de su autor pero también la más pretenciosa y fallida. Ghobadi se pierde en una serie de imágenes de presunta gran fuerza pero de nulo impacto dramático”, y Carlos Loureda, en Fotogramas, “Hay tantos hallazgos narrativos visuales (…) o narrativos (…) que esta obra maestra merece un libro reflexionado y no un simple artículo escrito tras seis días de intenso festival.” Tras ella, All Apologies, de la china Emily Tang, ofreció lo que prometía su propuesta, un pequeño drama familiar encuadrado cerca de la sexta generación del cine chino. Si bien no hizo especial ruido, la prensa resaltó de ella, como dice Mateo Sancho para EFE, “la factura humilde y la voz de dramatismo contenido (…) se ha acercado a la emoción (…) planteada por la directora con una naturalidad por momentos hermosa, por momento alarmante.”

La jornada del jueves, que concentró todos los focos en la entrega del Premio Donostia a Ewan McGregor y la presentación de la superproducción más spielberguiana-y-made in Spain, Lo imposible, de Juan Antonio Bayona -de la que se han dicho maravillas y también sacado los trapos sucios de sentimentalismo y la manipulación emocional-, nos traía asimismo las cintas de dos establecidos cineastas. La primera fue Le Capital, del incondicional y reivindicativo Costa-Gavras, la fábula sobre el capitalismo y la crisis económica actual protagonizada por el cómico francés Gad Elmaleh. Su crítica contra el sistema económico ha sido acogida tibiamente, pues su lucidez gustó, pero tras el repetitivo didactismo que hace gala, como aquí, en toda su obra, parece esconderse una trama y un corazón que deja que desear. Luis Martínez lo tiene claro en El Mundo: “el problema reside en un guion tan evidente como esquemático a medio camino entre la proclama y el curso de economía para gente con prisa.” Y, por la otra parte, el argentino Carlos Sorin llegó al Kursaal con su cine pequeño que ejemplifica a la perfección el título de quizás su obra más conocida, Historias mínimas (2002). Su Días de pesca y su búsqueda personal en la Patagonia no han supuesto, por lo visto, nada nuevo en su filmografía, pero ha demostrado tener suficiente chicha como para ser tenida en cuenta. Juan Sardá afirma El Cultural: “aunque no haya nada nuevo ni realmente fantástico, bienvenido sea el cine modesto, simpático y tierno de un director dotado de humanidad y eso, encanto”. Por último, el festival se cerró con El hipnotista (The Hypnotist), el thriller de ¿el rey sueco del dramón sentimental? Lasse Hallström, que esta vez adapta el best seller de Lars Kepler sobre la investigación de una serie de asesinatos. El hipnotista parece así seguir la línea del éxito de la saga Millennium -por lo pronto ya representará a Suecia en los Oscar-, pero sin llegar a nada especial: Neil Young dice de ella en The Hollywood Reporter que “el torpemente desarrollado policiaco (de Hallström) es más tibio que escalofriante (…) una película que avanza pesadamente sin llegar a tener un buen momento o establecer un carácter propio”.

Mañana conoceremos la decisión del jurado: ¿qué películas formarán parte del palmarés de San Sebastián 2012?

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