¿Nuevo cine rumano? Parece de perogrullo decir que en los últimos años ha surgido en Rumanía un grupo de directores que, sin miedo a poner el punto de mira en su historia reciente, consiguen retratar de forma magistral la realidad de un país que ha cambiado mucho en muy poco tiempo. ¿Pero existe realmente una etiqueta que pueda englobar una corriente cinematográfica debido a su nacionalidad? El realizador de Bucarest Cristi Puiu lo tiene bastante claro, tras sentenciar en una reciente entrevista con El Cultural: “jamás ha existido una ola rumana ni nada parecido porque no hay ningún manifiesto ni somos cineastas que tengamos cosas en común”. Sin embargo, es inevitable establecer comparaciones entre el grandísimo talento que destilan cineastas como Cristian Mungiu, Corneliu Porumboiu o el propio Puiu: su capacidad para transmitir las oscuridades de una sociedad hecha añicos por su historia, para transitar por los baches de sus ciudades y sus alicaídos suburbios y existencias. Puiu ha firmado hasta la fecha tres largometrajes: su ópera prima, la algo arrinconada Stuff and Dough (2001), y sus más importantes La muerte del Sr. Lazarescu (2005) y Aurora (2010). Estos dos últimos son los primeros de una serie de seis películas que Puiu tiene intención de filmar, Seis Historias de las Afueras de Bucarest, en respuesta a los Seis Cuentos Morales del francés Éric Rohmer, sobre, ahí es nada, diferentes tipos de amor. Puiu propone así profundos relatos morales que cuestionan, sin cuestionar, la falta de libertad de una sociedad que intenta encontrarse a sí misma, retratándolos desde su exasperante cotidianidad, su opresiva rutina y sus fallidas instituciones. Sus desoladores y contundentes cuentos morales nos descubren a un cineasta inteligente, que hasta ahora ha versado sobre lo que mejor conoce: el desmoronamiento de lo que lo rodea.
La muerte del Sr. Lazarescu (2005)
El primer instrumento que utiliza Puiu en su intento de disección de la realidad rumana es uno sustancialmente necesario: una ambulancia. En la aclamada La muerte del Sr. Lazarescu -que le valió el Premio Un Certain Regard en Cannes 2005 y su situación como el pionero del tal nuevo cine rumano- el cineasta utiliza la odisea que sufre un solitario anciano al que el servicio de emergencias pasea de hospital en hospital, sin encontrar uno que lo pueda atender correctamente, y mientras su estado de salud se va agravando rápidamente. Descrita como una comedia dramática, su vis cómica brilla por su ausencia: su humor, si es que podemos llamarlo así, es frío como un témpano, y ayuda en su objetivo de denuncia sin caer en obviedades ni moralismos -algo que no puede ni atisbarse en la obra de Puiu-. Mientras atendemos a las excusas burocráticas que los responsables de la atención médica le reparten tanto al anciano (el fallecido dos años después Ioan Fiscuteanu) como a la responsable de la ambulancia (su habitual Luminita Gheorghiu) se nos pone la piel de gallina, asistiendo a un brutal cinismo del que nadie se libra: todos son víctimas y culpables de su situación, nada es blanco o negro. Justamente, como en la vida real.
Aurora (2010)
El segundo instrumento que utiliza Puiu en su intento de disección de la realidad rumana es otro radicalmente diferente y bastante menos necesario: una escopeta. Aurora es la historia de Viorel, un hombre divorciado, que deja su trabajo en una fábrica y deambula por Bucarest tratando de superar la angustia y la inseguridad que lo dominan en su nueva vida. O eso es lo que parece. La representación de la grisácea y desapacible existencia del hombre desemboca en el crimen a sangre fría, cuyas razones solo entenderemos al final de la película. Aurora es una historia de desamor, en su última fase, contada a través de paredes que no nos dejan ver lo que ocultan y de la mirada penetrante de un hombre perdido y refugiado en un arma. La violencia y la falta de moralidad, llegan otra vez a la pantalla, y a nuestras conciencias, pero, aquí, con un ritmo mucho más moroso, y a veces irritante -como en la realidad, las personas no están ahí para entretener a un espectador-. Es ese punto desde donde Puiu articula su relato, desde la horrible rutina de una persona perdida, desde el subyacente peligro del dolor desesperado. El propio director protagoniza su cinta, que si bien no ha calado tanto como La muerte del Sr. Lazarescu, ha confirmado el talento de Puiu. ¿Cuál será su próximo instrumento?












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