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Directores, Obituario, Películas

La pionera (e inmortal) poesía de los rompecabezas

El 30 de julio ha demostrado ser un día algo maldito para la historia del cine. En 2007 fallecieron tal día de verano dos de los cineastas más importantes del siglo XX, Ingmar Bergman y Michelangelo Antonioni, y este año, lo ha hecho un realizador tan pionero y crucial como desconocido para el gran público. Chris Marker -nacido hace 91 años como Christian François Bouche Villeneuve- es, sin lugar a dudas, el padre del ensayo fílmico, que unió el documental con la vertiente más experimental del cine. Director, poeta, escritor, filósofo, crítico, fotógrafo y artista multimedia, Marker comenzó su carrera en el marco del grupo de la rive gauche francesa, paralelo a la nouvelle vague, junto a directores como Agnès Varda o Alain Resnais. El parisino se movía en sus imágenes entre la reflexión y la representación, la denuncia y el entusiasmo: la historia mundial, los movimientos políticos de izquierdas, las cuestiones existencialistas, la conciencia moral del destructivo Primer Mundo, el pasado y el futuro, el cine (las figuras de Kurosawa y Tarkovsky)… Entre cortometrajes y mediometrajes experimentales, investigó los límites de la creación fílmica, enarbolándolos como el principal estandarte de su obra, de lo que dan buena cuenta sus obras más importantes: El muelle (La Jetée) (1962) y Sin sol (Sans soleil) (1983). Nosotros hablamos de ellas para poner nuestro granito de arena en la honra a la figura de un realizador con una obra hermética, densa e intelectual, de, sin embargo, grandísima influencia a lo largo de la historia del séptimo arte.

El muelle (La Jetée) (1962)
La pieza, sin duda, de mayor repercusión de Marker es el mediometraje de 29 minutos de duración que realizó en 1962. El muelle (La Jetée) ha sido, de hecho, una obra decisiva para el género de la ciencia ficción, en el que se enmarca: su trascendencia se demostró en 1995, cuando Terry Gilliam se inspiró en ella para crear su icónica 12 monos, protagonizada por Bruce Willis y Brad Pitt. Marker desafió las convenciones del cine de su época y creó una obra en la que no hay imagen en movimiento, si no que, como si el cine no se hubiese inventado aún, la narración se basa en las fotografías. Su historia es la de un grupo de científicos del bando vencedor de una apocalíptica guerra nuclear que devastado el mundo, que elige a un prisionero para realizar un viaje a través del tiempo: se le mandará al pasado para pedir ayuda, o al futuro para buscar una solución a la situación presente. En una oscura y tétrica atmósfera, el hombre trata también de reconstruir el recuerdo de su amada, a través de las últimas imágenes que tiene de ella. Como el experimento de la obra, Marker investiga con el montaje del cine, cuya linealidad rompe para establecer diferentes frentes que hablan de la importancia del tiempo y la noción tanto de la historia, como de la vida.

Sin sol (Sans soleil) (1983)
Veinte años después de su incursión en la ciencia ficción, Marker creó su ensayo fílmico más representativo, Sin sol (Sans soleil). Si el ensayo ha sido muy importante en el mundo de la literatura, el cine ha demostrado tenerlo mucho más difícil para hacer suyo este género: el realizador francés transifirió al séptimo arte su objetivo didáctico y reflexivo a través de la subjetividad, la libertad temática y esquemática y la conciencia artística. Sin sol (Sans soleil) se estructura desde las palabras de una mujer que lee las cartas remitidas por un operador de cámara que ha viajado a través del mundo: desde un cementerio de gatos en Japón hasta un carnaval en Guinea Bissau, desde los páramos islandeses hasta los emús que viven en París… A través de las imágenes y las palabras, e incluso la tecnología y el arte multimedia, Marker reflexiona sobre ¿todo? La existencia, la situación del mundo y sus diferentes submundos, la conexión entre las personas y sus realidades, para encauzar su meditación hacia un elemento que acaba vertebrando todos estos aspectos: la memoria humana, y la humanidad de la memoria, en pasado, presente y futuro, que es lo que permite a los individuos de la sociedad global establecer un mundo perceptivo personal, y, al fin y al cabo, real.

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