Estamos en plena semana del orgullo LGTB (lesbianas, gays, transexuales y bisexuales). Las fiestas, los desfiles y las manifestaciones que reivindican la libertad sexual y la igualdad entre todos los seres humanos se suceden y nosotros queremos unirnos. Como cualquier movimiento o colectivo social que se precie, el LGTB ha tenido su reflejo en el arte, y el cine no podía ser menos. Son numerosas las películas que a lo largo de la historia han dado cuenta de las vicisitudes a las que tiene que hacer frente una persona con una orientación sexual distinta a la de la mayoría. Algunos de esos títulos merecen ser considerados como clásicos e incluso han servido para convertir a sus autores en auténticos iconos fílmicos. Desde los revolucionarios trabajos de Reiner Werner Fassbinder hasta las arriesgadas y sorprendentes propuestas del joven canadiense Xavier Dolan-Tadros, pasando por las creaciones de nombres tan fundamentales como Pedro Almodóvar, Wong Kar-Wai o Gus Van Sant (y muchos otros que podrían hacer esta lista interminable), el cine ha ofrecido un buen puñado de joyas que han servido para documentar, visibilizar y poner el foco sobre una realidad que ha pasado demasiado tiempo ignorada.
Adolescentes que hacen frente a su despertar sexual y a las dudas que todo ello le provocan, que se dan cuenta de que no sienten como los demás y que se ven enfrentados a una situación que les sobrepasa. Este ha sido el argumento de incontables películas, pero hay dos en concreto que creemos son merecedoras de una mención especial. Primero fue Beautiful Thing (Hettie
Macdonald, 1996), la historia de un caluroso verano en un barrio del sur de Londres y del primer amor de Jamie, un chaval que no encaja con sus compañeros de instituto y que se pasa las horas viendo la tele o vagando de un lado a otro con su amiga Leah. Después llegó Fucking Åmål (Lukas Moodysson, 1998) que habla de dos chicas que viven en un pequeño pueblo sueco, van al mismo instituto y ven como sus vidas pasan sin pena ni gloria aunque con diferente suerte: una es popular entre sus compañeros y la otra es prácticamente un fantasma perdido entre el barullo de la escuela. Estas dos películas son ejemplos perfectos de la capacidad del cine para tratar con inteligencia, sensibilidad y sin caer en estereotipos el paso a la madurez de los jóvenes homosexuales, la primera desde el punto de vista masculino y la segunda a través de los ojos de dos chicas. Ambas son cine del bueno, con historias profundas y bien contadas y un contenido que traspasa lo meramente cinematográfico.
Es cierto que no hay amor más intenso que el adolescente, pero en algunos ocasiones las relaciones entre adultos no se quedan cortas en lo que a pasión se refiere. Que se lo cuenten a Wong Kar-Wai, que con Happy Together (1997) nos regaló una de las historias de amor más extremas del cine reciente. La relación de dos hombres hongkoneses que emigran a Argentina sirvió para que Wong diese rienda suelta a su genio y crease una obra maestra. Las idas y venidas de estos dos hombres, su amor desquiciado y obsesivo y la capacidad del director para capturar la atmósfera de Buenos Aires, tan acorde con lo que la cinta cuenta, hacen de Happy Together una experiencia única, esencial dentro de la filmografía de uno de los más grandes directores del cine contemporáneo. Y si hay algún director actual experto en historias de amor apasionadas entre personas del mismo sexo, ese es Pedro Almodóvar. El responsable de dar luz a un colectivo que por fin sabía lo que era la libertad tras décadas de represión ha firmado títulos fundamentales como Laberinto de pasiones (1982), La ley del deseo (1987), Todo sobre mi madre (1999) o La mala educación (2004), historias con personajes homosexuales y transexuales inolvidables.
Las películas protagonizadas por personajes transexuales suman también un número importante. Hollywood ha ofrecido un par de títulos muy relevantes que retratan con maestría el duro proceso al que tienen que hacer frente las personas cuyo aspecto físico no se corresponde con su género; hablamos de Boys Don’t Cry (Kimberly Peirce, 1999) y Transamerica (Duncan Tucker, 2005). Sin embargo, no podemos evitar acordarnos de Hedwig, la protagonista de
Hedwig and the Angry Inch (John Cameron Mitchell, 2001) el musical más brillante del cine reciente y el retrato más emocionante, sincero, divertido y transgresor de un personaje transexual que hayamos visto nunca. El propio Mitchell, que interpreta a Hedwig, demostraba en su debut tras las cámaras ser un torbellino de originalidad y valentía y presentaba sus credenciales para convertirse en uno de los realizadores más interesantes de su generación. Con su siguiente trabajo, Shortbus (2006), un estudio sobre la sexualidad humana en todas sus vertientes y una reflexión lúcida y estimulante sobre el papel que juega el sexo en la sociedad contemporánea, confirmó lo que ya sabíamos: su capacidad para reflejar en el cine historias que pocas veces consiguen la repercusión que merecen.
Ya lo hemos dicho, el cine ha ofrecido y sigue ofreciendo numerosos ejemplos de magníficas películas que a través de hombres y mujeres con diferentes orientaciones sexuales cuentan grandes historias que merecen llegar a un público amplio. El año pasado arrasó allí donde se estrenó
(a España todavía no ha llegado), una película sobre dos hombres en la treintena y su historia de amor y desamor durante un fin de semana. Weekend es, precisamente, el título de esta cinta, el británico Andrew Haigh, su director, y sus méritos son tantos que su visionado debería ser obligatorio. Chico conoce chico, chico y chico se gustan, hablan, se besan, tienen sexo y mientras van profundizando en sus identidades e indagando en sus sentimientos, de paso, reflexionan sobre su sexualidad y lo que ello supone en el mundo en el que viven. Weekend es una fantástica historia de amor, pero es también un estudio de personajes, una acertada exploración sobre el papel que juega la orientación sexual en las relaciones sociales y, a fin de cuentas, es el retrato de una generación: la de los primeros adultos que viven su homosexualidad en una sociedad supuestamente tolerante.
Estos son solo algunos títulos que creemos retratan las diferentes opciones sexuales de forma respetuosa, inteligente y creativa. Se trata de películas que cuentan buenas historias pero que además ayudan a entender la intimidad y la forma de sentir de personajes que, como muchas personas todavía hoy, han tenido que sufrir y hacer frente a prejuicios e hipocresías para ser quienes realmente son.










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