Cinco años llevaba Wes Anderson sin desarrollar un proyecto de ficción de acción real, los que separan Viaje a Darjeeling (2007) de su nueva Moonrise Kingdom -en 2009 estrenó la cinta de animación Fantástico Sr. Fox-. Ha habido pues, tiempo suficiente para añorar la peculiar visión de este artista, capaz como pocos de imprimir un sello claramente personal y único a todo lo que se trae entre manos. Las expectativas eran altas: el pasado mes de mayo abrió el Festival de Cannes, la crítica la recibió con un entusiasmo casi general y en su estreno limitado en Estados Unidos batió todos los récords posibles. Después de vista y digerida la última pieza de Anderson, podemos decir que las esperanzas puestas en ella estaban muy justificadas. Más él mismo que nunca, pero llegando un paso más lejos, el director texano consigue con Moonrise Kingdom contar una historia de amor preadolescente tan sincera y honesta, como fantástica y mágica.
Wes Anderson nos lleva a los Estados Unidos de los 60, en concreto a una pequeña isla de la costa de Nueva Inglaterra. Allí, en un campamento de boy scouts, el joven y huérfano Sam (interpretado por Jared Gilman) aprovecha la tranquilidad de la noche para huir en busca de su amada Suzy (Kaya Hayward), una chica un tanto impulsiva hija de dos abogados a los que dan vida los geniales Bill Murray y Frances McDormand. A partir de ahí empieza la aventura, la pareja vive una de las jornadas más emocionantes de sus cortas vidas dejándose llevar por la fuerza del primer amor. Y, mientras tanto, el resto de la isla se vuelve loca. El jefe del campamento (Edward Norton), el policía (Bruce Willis), la asistenta social (Tilda Swinton) y los padres de la niña se tiran los trastos a la cabeza, se culpan los unos a los otros de lo ocurrido y, de paso, dan a los chicos algo más de tiempo para seguir disfrutando de su buen momento. Entre carreras por el bosque, bailes a la orilla del mar y peleas de lo más épicas con otros chicos del campamento que intentan “rescatarlos”; la escapada de Sam y Suzy se convierte en una aventura digna de ser recordada que a nosotros nos divierte y nos entretiene un montón.
Por muchas razones Moonrise Kingdom es uno de los mejores estrenos de lo que va de año. Un estilo visual personal, reconocible y brillante; un reparto sobresaliente, en el que el trabajo de los novatos está a la altura del de los grandes consagrados; un guion trepidante que mantiene el ritmo en todo momento; y una lúcida reflexión sobre la sobresaliente habilidad de los adultos de eludir responsabilidades y cargárselas a los demás y la valentía de los niños para seguir sus instintos y desafiar lo establecido para ser mejores. El último trabajo de Anderson podría ser entendido como el reverso luminoso de Donde viven los monstruos (Spike Jonze, 2009). Ambas hablan sobre la infancia y el despertar a esa cosa que da tanto miedo y que llaman vida adulta, desde prismas un tanto alejados pero que comparten más cosas de lo que parece. Moonrise Kingdom es, en definitiva, un gran trabajo de un gran director, un motivo para estar contentos y para dejarse caer por las salas de cine.










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