Los caminos de la distribución de cine son inescrutables. Este mes llega a nuestras pantallas una de las cintas que más ruido hizo y que más polvareda levantó allá por el 2009 -hace ya tres años, que se dice pronto-. Al imperdible Festival de Venecia llegaban por aquel entonces los nuevos trabajos de cineastas reconocidos como Claire Denis (con White Material, vendida en España con el título, de traca, de Una mujer en África), Todd Solondz (con La vida en tiempos de guerra) o Fatih Akin (con su incursión en la comedia Soul Kitchen). Sin embargo, el Lido, la alargada isla de arena que forma la laguna Véneta, el elitista y decimonónico destino turístico que acoge el festival de cine italiano cada septiembre, se anegó ese año de un ruido ensordecido de bombas, misiles y explosiones, y de un olor a metal, a gasóleo y a fósforo blanco. Desde su presentación casi al final del festival, Lebanon, la ópera prima del realizador israelí Samuel Maoz, entró con fuerza blindada en las quinielas que se atrevían a vaticinar el palmarés del festival. La prensa allí desplazada la elogió y catalogó como una de las más convincentes participantes de la edición del certamen veneciano, y el jurado de la sección oficial, presidido por el respetado cineasta taiwanés-estadounidense Ang Lee, decidió entregarle el máximo galardón, el prestigioso León de Oro. Ahí es nada.
Decimos que Lebanon fue una de las cintas que más ruido hizo y que más polvareda levantó, porque lo hizo, literalmente. El León de Oro del 2009 es la historia de un grupo de soldados israelíes dentro de un tanque militar durante una ofensiva en la primera guerra del Líbano, en junio de 1982. La película se desarrolla íntegramente dentro del carro de combate, en un único y claustrofóbico escenario del que se sirve Maoz para estudiar las consecuencias del miedo en las personas, llegar a los extremos de los instintos humanos y hacer un retrato de la oscuridad y el sinsentido de la guerra, en la que las personas son reducidas a meras maquinarias con una función que desenvolver. Lebanon parte de una experiencia personal: el mismo Maoz, nativo de Tel Aviv, fue reclutado a los 20 años como artillero en uno de los primeros tanques que entraron en el Líbano en la ofensiva del conflicto. Este ha sido, sin duda, un elemento crucial para el resultado de la película. Con un reparto de únicamente cinco actores, un comandante de misión y cuatro integrantes de la tripulación del tanque (y un grupo de secundarios con papeles muy pequeños pero cruciales), y otras protagonistas incontables y absolutas, las sensaciones que es capaz de transmitir, Lebanon, aunque falle el tiro en algunos de sus objetivos, acierta en muchos otros.
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