El último Festival de Cannes encumbró -dejando aparte al grandísimo Michael Haneke- a un actor que ya venía llamando la atención desde hace poco más de una década y media. En el palmarés de la 65ª edición del certamen, el jurado presidido por el cineasta italiano Nanni Moretti decidió premiar en el apartado de interpretación masculina a uno de los actores que más habían dado que hablar: Mads Mikkelsen. Junto al belga Matthias Schoenaerts -co-protagonista de De rouille et d’os (Jacques Audiard, 2012) con Marion Cotillard- y el veterano francés Jean-Louis Trintignant -cuya actuación, al lado de Emmanuelle Riva, en Amour (Michael Haneke, 2012) fue imprescindible para la concesión de la Palma de Oro-, el danés lideraba las quinielas del festival por su interpretación en The Hunt (Thomas Vinterberg, 2012). Y acabó por recibir un galardón que, junto a su estupenda filmografía, viene a colocarlo en una situación más que privilegiada. Aunque Mikkelsen ya se había convertido él mismo en el actor por excelencia de la efervescente cinematografía danesa, labrando su carrera en obras de aclamados autores como Nicolas Winding Refn o Susanne Bier. Y ahora, tras su éxito en la película de su también compatriota Thomas Vinterberg, le llueven proyectos que están haciendo las delicias de muchos: interpretará, por ejemplo, ni más ni menos que a Hannibal Lecter en una nueva serie para la cadena estadounidense NBC. ¿Se necesita más?
La gran fuerza interpretativa de Mikkelsen es violenta y enérgica en prácticamente todas sus obras. Se trate de un cooperante en la India más deprimida, un devoto sacerdote o un endiablado guerrero vikingo, el danés es capaz de imprimir a sus personajes una gran intensidad física y una visceral emotividad que encaja a la perfección en su ceño habitualmente fruncido.
Sus primeros proyectos llegaron de la mano del ahora adorado Nicolas Winding Refn, el autor del fenómeno Drive (2011), con sus primeros y oscuros thrillers, Pusher: Un paseo por el abismo (1996) y Bleeder (Fuera de sí) (1999). Su gran colaboración llegaría, sin embargo, diez años después, con la interesante pero difícil Valhalla Rising (2009), en la que Winding Refn se embarcaba sin miedos en los márgenes narrativos del cine más visual, y en la que Mikkelsen daba vida en un furioso tour-de-force a One-Eye, un enigmático combatiente de fuerza sobrehumana que arrastra al infierno a los cruzados cristianos que lo capturan. Esta, su actuación más física hasta la fecha, lo llevó solo un año después a co-protagonizar, ya en Hollywood, el engendro post-300 Furia de titanes (Louis Leterrier, 2010): algo que se podría olvidar.
Ciertamente, las incursiones de Mikkelsen en la industria americana distan bastante del cine de autor, en movimientos que dejan entrever que al danés le interesa más ponerse a prueba que mantener una filmografía impecable. Se le vio primero en el blockbuster marca Bruckheimer El rey arturo (Antoine Fuqua, 2004); le siguió la encarnación del villano en la enésima edición de James Bond Casino Royale (Martin Campbell, 2006), y apareció por último en la revisión steampunk y casi de Serie B de Los tres mosqueteros (Paul W.S. Anderson, 2011).
Queda bastante claro que el Mikkelsen más estimable se queda a este lado del charco: entre colaboración y colaboración de Winding Refn, la mejor baza de su talento se vio, probablemente, en sus papeles en las películas de Susanne Bier. La realizadora danesa, forjada en el movimiento dogma y ganadora del Oscar a mejor film de habla no inglesa en 2010 por En un mundo mejor, lo fichó para sus dramas Te quiero para siempre (2002) y Después de la boda (2006), en donde la alta carga emocional -algo culebronera- de sus argumentos permiten explotar la capacidad del actor. A la vez, Mikkelsen se convirtió también en habitual de los estimables títulos como realizador del guionista de Bier, Anders Thomas Jensen, ácidas comedias negras como Los carniceros verdes (2003) o Las manzanas de Adam (2005).
Tras colarse este año en la Berlinale con el premiado drama histórico A Royal Affair (Nikolaj Arcel, 2012), la sorpresa llegó para Mikkelsen de la mano del padre del dogma Thomas Vinterberg, con The Hunt, que fue seleccionada, fuera de todo pronóstico, para competir por la Palma de Oro en Cannes. La historia sobre el poder de los rumores, las dudas y la maldad a través de una acusación de abusos sexuales que recae sobre Lucas (interpretado por él mismo), un divorciado que vive en un pequeño pueblo, tuvo una acogida especialmente divisiva, aunque no en lo relativo a la interpretación del de Copenhague: la prensa desplazada no escatimó en halagos
-”soberbia”, “auténtica”, “angustiosa”, “tormentosa”, “impresionante”, “de premio”-. De la Costa Azul se marchó con su merecido triunfo, y con nuevos proyectos, entre los que brilla uno: Mikkelsen dará vida al archiconocido personaje de Thomas Harris Hannibal Lecter, el doctor caníbal que estremeció a medio mundo desde su salto a la palestra con El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991). La cadena norteamericana NBC adaptará la historia de Lecter desde sus comienzos, desde antes de la primera novela, El dragón rojo, hasta probablemente después de la tercera y última, Hannibal. Tras la cámara estarán Bryan Fuller, creador de series como Pushing Daisies (Criando malvas) (2007), y David Slade, el responsable de la retorcida y conocida Hard Candy (2005). Y delante de ella, uno de los actores más solventes del cine actual.










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