estás leyendo...
Directores, Especiales, Películas

¿Por qué Jafar Panahi no hace (solo) películas?

A mediados de diciembre del 2010, la noticia saltaba a los medios: el cineasta iraní Jafar Panahi, ganador de la Cámara de Oro en el Festival de Cannes de 1995 por la película El globo blanco y del León de Oro en el Festival de Venecia del 2000 por El círculo, pasaría los próximos seis años en la cárcel, se le impediría abandonar el país, y, para colmo, se le prohibiría hacer películas durante los un total de veinte. Panahi, uno de los más influyentes directores de la llamada nueva ola iraní (que engloba a directores como el imprescindible Abbas Kiarostami o la familia Makhmalbaf), había sido arrestado por las autoridades persas tras mostrar públicamente su apoyo a la llamada revolución verde y a Mirhossein Musavi, el contrincante de Mahmud Ahmadineyad, durante las disputadas y polémicas elecciones que dieron la victoria a este último, el actual presidente de Irán. Tras ello Panahi estuvo detenido durante 88 días, en los cuales comenzó una huelga de hambre que movilizó a grandes personalidades del cine como Steven Spielberg, Martin Scorsese, Ken Loach, los hermanos Dardenne, los hermanos Coen… o su colaborador y amigo, el propio Kiarostami, junto a Juliette Binoche, durante la presentación del último film de ambos, Copie Conforme, en el Festival de Cannes. Sin embargo, la protesta de Panahi suscitó práctica indiferencia por parte del férreo mandato de Ahmadineyad, que también arrestó y condenó, bajo los mismos cargos de conspiración contra el gobierno iraní, al joven director Mohammad Rasoulof, responsable de obras como la aclamada La isla de hierro (2005). En una flagrante muestra de injusticia por parte del régimen iraní, las leyes violadas por Panahi nunca se llegaron a concretar: el gobierno solamente hizo público que los motivos del arresto eran “actuar contra la seguridad nacional y hacer propaganda contra el régimen”. Y para razonarlo aún más, las autoridades clamaban que el director y su mujer estaban inmersos en una película en torno a las protestas que siguieron a la reelección de Ahmadineyad en junio de 2009, algo que su mujer desmintió: “la película estaba siendo rodada en el interior de nuestra casa y no tenía nada que ver con el régimen islámico”.

Pero el cineasta, en un ejercicio de valentía, decidió grabar un ¿último? film, una declaración de principios. En el intervalo de arresto domiciliario entre su primer encarcelamiento, del que se libró bajo fianza, y su condena a seis años prisión y veinte de inhabilitación, Jafar Panahi tuvo la idea de rodar una película, sin que fuese una película. Y sin ser una película, el ejercicio cinematográfico del iraní es una de las denuncias más inteligentes de la situación actual del cine de su país, y de su país en general. Esto no es una película nace en un contexto de resistencia contra la represión, la injusticia y la inexistencia de la libertad de expresión.Es una grabación clandestina, en la que colaboró su antiguo ayudante de dirección y documentalista Mojtaba Mirtahmasb, y en la que escenifica el guion del que iba a ser su próximo filme dentro de su casa -por ejemplo, delimitando en la alfombra de su salón la vivienda de su protagonista-. Sin cámaras, pero con las de teléfonos móviles, y sin apoyo alguno -se dice que la película se presentó en Cannes 2011 tras su llegada a la Croisette en un pen-drive-, Panahi y Mirtahmasb reconstruyen los pedazos de una vida dedicada al cine, destruida por la inmoralidad de un régimen opresor que ya había censurado las obras anteriores de Panahi.

Y es que, consciente o inconscientemente, el cine de Panahi no es solo cine. Sus películas son necesarios documentos de la situación de Irán, un país ahogado bajo el yugo de su gobierno y los rígidos preceptos que impone en su sociedad y en su cultura. El director originario del oeste del estado cimentó su carrera ahondando en las vidas cotidianas de sus compatriotas, comenzando a través de los ojos de los más inocentes, los niños. Tras ser ayudante de dirección de Kiarostami en su aclamada A través de los olivos (1994), ganó una Cámara de Oro en Cannes con su debut El globo blanco (1995), la historia de una niña y los obstáculos que tiene que superar para conseguir lo que quiere, que podría complementarse con su siguiente El espejo (1997), Leopardo de Oro en Locarno, la historia de otra niña que se pierde y no sabe volver a casa. Con sus necesarias El círculo (2000), León de Oro en Venecia, y Offside (Fuera de juego) (2005), Oso de Plata en Berlín, Panahi y su reivindicativa mirada fueron más allá y diseccionaron perfectamente la injusta situación de la mujer en la sociedad iraní, ya fuese a través del drama coral o de la comedia ácida. Y es que si algo ha hecho el ahora condenado director es poner de manifiesto la opresión a la que son sometidos los habitantes de Irán, la eliminación de la libertad de expresión, o las injusticias a las que hacen frente. El aparato censor de Ahmadineyad no ha tardado en actuar, y ha silenciado a uno de sus más peligrosos activistas: el que denuncia a través del cine, de la cultura.

About these ads

Acerca de David González

@dgonzalezmtez on Twitter

Comentarios

Aún no hay comentarios.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

los35milímetros en Twitter

los35milímetros en Tumblr

En otro país (Hong Sang-Soo,...

En otro país (Hong Sang-Soo,...

En otro país (Hong Sang-Soo,...

The Trip (Michael Winterbottom,...

The Trip (Michael Winterbottom,...

The Trip (Michael Winterbottom,...

Grand Central (Rebecca Zlotowski,...

Le passé (Asghar Farhadi,...

À perdre la raison (Joachim Lafosse,...

Un profeta (Jacques Audiard,...

Más fotos
%d bloggers like this: