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El cuerpo del abismo según Steve McQueen

“El arte no puede arreglar nada. Solo puede observar y retratar. Lo que es importante es que se convierte en un objeto, en algo que se puede ver y comentar y a lo que referirse.” Tras el estreno de su última Shame, el cineasta británico Steve McQueen habló sobre el arte y el cine, y el arte del cine, en una entrevista con la cabecera inglesa The Guardian. McQueen dejó claro desde que se lanzó al séptimo arte que él era artista antes de ser director. El londinense de antepasados afrocaribeños no estudió cine, ni mucho menos. En su currículum formativo figura el arte y diseño y las bellas artes. Pero, sin embargo, su trabajo y sus creaciones siempre han estado íntimamente ligadas al cine. En su obra dominan las videocreaciones y películas experimentales concebidas como instalaciones artísticas, pensadas como la mínima expresión del fotograma: a menudo minimalistas, en blanco y negro y mudas. Desde 1993, con su obra Bear, en la que dos hombres desnudos (uno de ellos el mismo McQueen) intercambian una serie de miradas que podrían ser interpretadas como de amenaza o de flirteo, se volvió un nombre de referencia en el panorama artístico mundial. En el año 1999 ganó el Premio Turner, el premio a un artista joven más importante del Reino Unido, por Deadpan, en la que jugaba con la mítica escena de Buster Keaton en su El héroe del río (1928), en la que se derrumbaba la fachada de una casa sobre el protagonista, que queda intacto en el hueco de una ventana. McQueen abrazó el cine tras su éxito en el mundo del arte como mejor supo hacer, trasladando su única y arrebatadora visión a sus películas. Y también tuvo sus frutos: una Cámara de Oro en Cannes en 2008 por su debut Hunger y un premio FIPRESCI -que supo a poco- en Venecia por su segunda obra Shame. A través de la disección de los personajes y sus historias y la puesta al límite de sus condiciones, e incluso la proyección de sus oscuridades en sus propios cuerpos -de momento, siempre en el de su habitual colaborador, el actor Michael Fassbender-, el artista y cineasta demuestra una plena consciencia de que el cine es de las mejores formas de hacer arte. “Una película es un objeto sobre el que se puede tener un debate, más que sobre lo que realmente retrata”; y sus hasta ahora dos únicos filmes, que funcionan como un sorprendente y lúcido díptico sobre los límites de los instintos más animales de las personas, sus cuerpos y sus obsesiones, dan buena cuenta de ello.

Hunger (2008)
El hambre. El sufrimiento del protagonista de Hunger es una huelga de hambre que lo lleva a él y a su cuerpo a las más oscuras profundidades. McQueen eligió para su debut cinematográfico la historia del encarcelamiento de los miembros del IRA, el Ejército Republicano Irlandés, en la Maze Prison, una cárcel de máxima seguridad de Irlanda del Norte. Las épicas protestas, que duraron cinco años, y atravesaron diferentes fases, llevaron finalmente a los encarcelados, comandados por su líder Bobby Sands, a comenzar una huelga de hambre que se convirtió en un polémico pulso entre los prisioneros y la Primera Ministra británica Margaret Thatcher. Michael Fassbender encarna a Sands, y da a vida con su impresionante interpretación a un personaje arrancado de su propio cuerpo, con una increíble fiereza que se muestra en cada fotograma. McQueen conocía perfectamente las consecuencias de las guerras, ya sean militares o personales, en las personas: en 2003, a través del Imperial War Museum de Londres, fue nombrado el artista oficial de la guerra de Iraq y enviado con las tropas al conflicto de Oriente Medio. Y supo en Hunger representar a la perfección un visceral torbellino de furia, dolor y crudeza, a través de una narrativa fascinante, con logros como la épica escena de la larga conversación entre Sands y un sacerdote católico o el violento análisis visual de los últimos momentos de la película. La Cámara de Oro que le otorgó el jurado de la Croisette sirvió para reconocer un trabajo impresionante, en el que el inglés supo alcanzar una belleza sublime y contundente desde el abismo más tenebroso.

Shame (2011)
La vergüenza. La penitencia del protagonista de Shame es una enfermiza adicción al sexo que lo sume a él y a su cuerpo en los infiernos. McQueen decidió indagar en su segunda película en las adicciones más oscuras: el sexo es el objeto de la perdición de Brandon Sullivan (un Fassbender más magnífico aún), un ejecutivo neoyorquino que ocupa su vida diaria en ver páginas porno y tener sexo con prostitutas, cuya vida se revuelve por partida doble con la llegada de su hermana Sissy (Carey Mulligan) y la de Marianne (la prometedora Nicole Beharie), una colega con la que empieza a entablar una relación. Las brillantísimas interpretaciones -Fassbender, que se llevó la Copa Volpi en Venecia, y Mulligan, nos regalan sendas actuaciones que quitan el hipo- vertebran una historia sobre la vergüenza, la claustrofobia del condenado, y el fatídico destino del obsesionado. McQueen crea un impactante viaje a las tinieblas de los instintos más reprobables de las personas: el sexo es la vida de Brandon porque no se permite establecer vínculos personales con las mujeres que están a su alrededor, en lo que influye la difícil relación con su hermana y una posible infancia traumática. Shame es una odisea expresionista capaz de molestar a tales niveles que el sexo se convierte en sinónimo de violencia y repulsión. En ella se aprecia el talento de McQueen: su concepción del cine como arte visual -el brillante uso de los planos y la composición de imágenes- y como arte total -grandes secuencias como la potente conversación final entre Brandon y Sissy, ayudados por la espléndida banda sonora de Harry Escott o su certero guion coescrito con la inglesa Abi Morgan-. Shame es la continua penetración en una prisión no tan material como la de Hunger pero igual de opresiva: la destrucción en el mundo del adicto al sexo es desagradable y asfixiante. Tras su presentación en Venecia se convirtió en la candidata más firme al León de Oro -que acabó llevándose no sin gran polémica Fausto, de Alexander Sokurov-.

El retrato del abismo de Shame vino a complementar el camino que McQueen comenzó a transitar en Hunger, y que ha conseguido colocarlo en la lista de nuevos cineastas imprescindibles. Su próxima cinta será 12 Years a Slave, adaptación de la biografía de Solomon Northup, un esclavo en el sur estadounidense durante el s. XIX, y para ella contará con las actuaciones de Chiwetel Ejiofor, Brad Pitt, y otra vez, el siempre solvente Michael Fassbender. La película girará entorno a Northup, un hombre negro (Ejiofor) nacido libre que es forzado a ser esclavo en la plantación de un terrateniente sureño (Fassbender) y que intenta ser liberado a través de su mujer, quien sigue viviendo libre, y que contrata a un abogado yanqui (Pitt). Su producción, detrás de la cual también estará Brad Pitt, como lo hizo con El árbol de la vida de Terrence Malick, está en marcha y el interés del proyecto ha propiciado su aceleración: empezará a rodarse en junio en Louisiana. El cineasta londinense las tiene todas consigo para hacer de su tercer título un triunfo de festivales en el 2013, y nosotros estamos bastante seguros de que no defraudará.

Actualización: Según los medios estadounidenses, el -magnífico- reparto de 12 Years a Slave se va completando: a Ejiofor, Pitt y Fassbender se le unirán el estupendo Paul Dano, Adepero Oduye -una de las actrices revelación del año pasado tras su brillante trabajo en Pariah (2011, Dee Rees)-, Benedict Cumberbatch -el protagonista de la serie británica Sherlock-, el prometedor Scoot McNairy, el necesario Paul Giamatti y la también brillante Sarah Paulson.

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