El increíble mundo de Wes Anderson

A falta de poco más de dos meses para que dé comienzo el festival de cine más importante del mundo, los rumores y las especulaciones se suceden; todavía no sabemos quienes integrarán la lista de aspirantes a la Palma de Oro (para lo que tendremos que esperar al 19 de abril) pero lo que sí sabemos es quién tendrá el honor de abrir la edición de Cannes 2012. El estadounidense Wes Anderson será el encargado de romper el hielo con Moonrise Kingdom, un privilegio del que han disfrutado en años anteriores autores de la talla de Woody Allen, Wong Kar-Wai o Pedro Almodóvar. Está claro que para abrir Cannes es necesario contar con un autor potente, capaz de simbolizar el carácter de un festival que reúne año tras año a lo mejor del cine de autor más vanguardista con los productos más importantes de Hollywood y sus deslumbrantes estrellas. Pero, ¿qué tiene Wes Anderson para ser el elegido?

Definir el cine de Wes Anderson no es sencillo, a medio camino entre lo absurdo y lo brillante, cada una de sus cintas demuestran el carácter de un autor único y original. El director texano crea un mundo propio en el que se mueve de un lado a otro con cada film que realiza: uno excéntrico, absurdo y posmoderno, en el que crea extrañas comedias que suelen protagonizar sus colaboradores habituales (Owen y Luke Wilson, Anjelica Huston, Bill Murray, Jason Schwartzman…), que incluso se ven envueltos en el nacimiento de la obra (Wilson, Schwartzman y Roman Coppola -hijo de Francis Ford y hermano de Sofia- son co-responsables de sus guiones). Y como guinda del pastel, una importante presencia de música rock, pop e indie -cuando no la compone Alexandre Desplat-, y una espléndida fotografía basada en colores primarios. Su nueva película reunirá a nombres fundamentales como Bill Murray, Tilda Swinton, Bruce Willis, Edward Norton o Frances McDormand en una historia ambientada en los años 60 en un pequeño pueblo estadounidense. La huída de dos jóvenes y su posterior búsqueda pondrán de manifiesto viejos rencores y ocultas relaciones románticas entre algunos de los personajes que integrarán la expedición. La película lo tiene todo para volver a encumbrar a Anderson como estandarte del cine más joven y original del panorama americano, tres años después de que su aclamadísima primera película en stop-motion, Fantástico Sr. Fox (2009), adaptación de un cuento para niños de Roald Dahl, le valiera una nominación al Oscar a mejor cinta de animación.

Academia Rushmore (1998)

El segundo largometraje de Wes Anderson, tras su debut con Ladrón que roba a un ladrón (1996), podría definirse como una comedia adolescente centrada en un peculiar muchacho que se enamora de una guapa profesora de su instituto. A primera vista el argumento no se aleja demasiado del de cualquier otra comedia americana, pero el humor de Anderson y su forma de entender el cine no se parecen mucho a lo que nutre este género. Los personajes que pueblan esta historia se mueven entre lo histriónico y lo absurdo y las situaciones en las que se ven envueltos tienden siempre al esperpento. Sirva de ejemplo para ilustrar esta idea el protagonista de la cinta, Max Fischer, un joven de 15 años, estudiante del instituto Rushmore, autor de obras de teatro, editor del periódico escolar, miembro de todos los clubs y asociaciones posibles (filatelia, ajedrez, apicultura) y enamorado de una guapa profesora de la escuela. En su afán por conquistar a la maestra no duda en construir un acuario para pirañas en el campo de baseball del instituto o en rivalizar con el padre de dos alumnos del colegio que también aspira a robar el corazón de la guapa mujer.

Los Tenenbaums. Una familia de genios (2001)

Los Tenenbaums son una familia formada por dos padres que se odian y tres hijos que después de una infancia prometedora se han convertido en adultos desquiciados que no saben muy bien que pintan en el mundo. El conflicto surge cuando Royal, el padre, aparece en escena después de años sin hablarse con ningún miembro de su familia para comunicar que padece un cáncer terminal que pronto acabará con su vida. El proceso de reconciliación de una familia formada por personas que van mucho más allá de lo extravagante da lugar a situaciones absurdas y descabelladas que, con mayor o menor acierto, demuestran el particular sentido cómico de Anderson. Los Tenenbaums. Una familia de genios no aporta nada nuevo con respecto a Academia Rushmore; se trata de la misma fórmula con unos cuantos elementos que quizás la hagan parecer un poco pasada de vueltas.

Life Aquatic (2004)

Anderson alcanza en Life Aquatic el mayor exponente de su excentricidad creativa (con todo lo que eso supone). Su film de 2004 es una comedia dramática tan extraterrestre como su argumento: las aventuras marinas del oceanógrafo Steve Zissou (Bill Murray), una suerte de Jacques Cousteau trasnochado, con el objetivo de vengar la muerte de su colega a manos de un misterioso tiburón jaguar, para las que recluta a una extraña tripulación que incluye a su inquietante esposa, a una periodista embarazada, a un joven que podría ser su hijo, un brasileiro que hace versiones folkies de canciones de David Bowie, un hindú que graba la expedición para un documental de ficción… y demás especímenes. Life Aquatic (o The Life Aquatic with Steve Zissou) es la zambullida definitiva de Anderson y su panda en un océano de humor absurdo y algo que se podría calificar como surrealismo pop. Su oferta está durante todo su metraje al filo de la pura extravagancia descerebrada, pero su brillante puesta en escena, su talento para crear un mundo único -las escenas del submarino podrían remitirnos lejanamente a los escenarios de Méliès- con guiños de fantasía stop-motion y su especial humor deadpan (o en otras palabras, inexpresivo y monótono) hacen de su película una estupenda muestra de su firma autorial.

Viaje a Darjeeling (2007)

Viaje a Darjeeling supone un punto de inflexión en la filmografía de Anderson, al humor posmoderno que caracteriza todas sus películas se añade esta vez una dimensión espiritual, profunda y sentimental que se adapta con total naturalidad al peculiar estilo del director. Tres hermanos, Francis, Peter y Jack, que se han ido distanciando con el paso del tiempo y ya ni siquiera se hablan, deciden recuperar los años perdidos tras la muerte de su padre en un viaje a través de la India, a bordo del Darjeeling Limited, la línea ferroviaría que recorre el país de un extremo al otro. Viaje a Darjeeling viene a mostrarnos la depuración del estilo cinematográfico de Anderson: es la extravagancia reducida a su máximo minimalismo. Puede ser que su film del 2007 sea el más sencillo y accesible, sin que eso suponga que sea apreciado por todos los paladares: su original punto de vista narrativo puede molestar, pero su encanto y emotividad son incontestables.

(Texto escrito por Cristóbal Soage y David González)

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