Los idus eran, en el calendario romano, el día 13 de ocho de los meses del año y el día 15 de los otros cuatro -marzo, mayo, julio y octubre-; se relacionaban con la luna llena y eran, por tanto, días de buenos augurios. Hasta que el año 44 a.C., el más famoso líder militar y político de la Roma republicana, Cayo Julio César, fue asesinado víctima de un complot por parte del grupo de senadores comandado por Cayo Casio Longino y Marco Junio Bruto, en el día 15 de marzo, en los idus de marzo. Dieciséis siglos más tarde, Shakespeare utilizó en su obra Julio César los tales idus -aunque siguieran presentes coloquialmente en el imaginario social durante el milenio y medio- en la conocida frase, que auguraba los acontecimientos, “¡Cuídate de los idus de marzo!”. Y Los idus de marzo es la cuarta película tras la cámara de George Clooney, el icono hollywoodiense que lo hace todo y todo lo hace bien. Su debut como director Confesiones de una mente peligrosa (2002) es una sólida muestra de su capacidad como cineasta sobre un libreto del gran Charlie Kaufman; su segundo film como director y primero como guionista, Buenas noches y buena suerte, fue una de las películas más laureadas del 2005, mereciendo seis nominaciones al Oscar, y otras tantas a los Globos de Oro, los BAFTA, etc.; sus actuaciones están alcanzando su mayor calidad y madurez -como demostró en sus últimas Los descendientes (Alexander Payne, 2011) o Up in the Air (Jason Reitman, 2009)-; es una de las mayores estrellas del panorama cinematográfico; es muy guapo y vende muy bien el Nespresso. Clooney lo tiene todo, y con cada nueva película que firma, demuestra que ese todo que tiene no le ha llegado por arte de magia. Los idus de marzo es una gran muestra de que el de Kentucky tiene un talento enorme para esto del cine.
Y tal y como Julio César conoció a la muerte en los idus de marzo, el protagonista de la película, el gobernador demócrata Mike Morris, está a punto de hacerlo también; aunque en este caso, la muerte política. Los idus de marzo es la adaptación cinematográfica de la obra teatral Farragut North de Beau Willimon, que cuenta la historia de un polémico incidente sucedido entre las bambalinas de la campaña política de un gobernador, y que amenaza con acabar con su carrera pública. El chico del año, Ryan Gosling -en su papel inmediatamente posterior a su exitoso Driver en Drive (Nicolas Winding Refn, 2011)-, interpreta a Stephen Meyers, el entregado e idealista director de comunicación de la campaña del político Mike Morris (interpretado por el mismo Clooney), que se ve envuelto en el pozo más oscuro y en los fondos más bajos de la política americana. Clooney utiliza su potente punto de vista para retratar una espiral de presiones políticas, traiciones, secretos, mentiras y falta de moral sin caer en el thriller facilón y la superficialidad. Reservándose un papel secundario, como ya hizo en Buenas noches y buena suerte, y responsabilizándose él mismo del guion -que consiguió una nominación a los Oscar- junto a su colaborador Grant Heslov, el director ahonda en los acontecimientos que hacen girar la historia y les presta la atención necesaria, para crear un tenso suspense y un gran equilibro entre ellos y las estupendas interpretaciones de su gran elenco, nutrido por Philip Seymour Hoffman, Paul Giamatti, Marisa Tomei y Evan Rachel Wood. Si bien Los idus de marzo no está a la altura de Buenas noches y buena suerte, echando en falta algo de su intensidad dramática, es una película que sabe donde tiene que estar, a diferencia de los políticos, publicistas, relaciones públicas y periodistas que la protagonizan. Clooney es inteligente, y su mirada es incisiva y reveladora, y precisamente aún más cuando trata con ella el escándalo en el Partido Demócrata americano, que él apoya públicamente. En su aclamada presentación en Venecia, Clooney declaró haber empezado a preparar Los idus de marzo “en el 2007, pero luego Obama fue elegido y todo el mundo se puso tan contento que no nos pareció una buena idea hacer una película
con una visión tan cruda de la política… pero ese optimismo solo duró un año”. Y Clooney sabía que no podría representar este desencanto situando la historia en el Partido Republicano, lo que minaría su propuesta, reduciendo su reflexionada crítica política a un mero “nosotros somos mejores que vosotros”. Los idus de marzo habla de las personas que hay detrás de los políticos en su carrera al poder, las que tienen en sus manos ser fiel o traicionar, algo que, según su director, “lleva pasando desde los tiempos de Julio César”. Con su obra, Clooney ha “querido dejar que la gente decida quién es el César y quién Bruto”. Si es que el juego de la política da mucho de sí.










Gracias por aclararme qué son los “idus”. No ha salido de mí googlearlo, soy así de vago. Cuando veo una película sobre política en USA siempre tengo la misma sensación de que se les va completamente la olla, tanto a la prensa como a la clase política. El hecho de que un aborto clandestino producto de una relación extramatrimonial pueda ocasionar la caída de un posible líder, por no mencionar el suicidio de la chica en cuestión, me parece desproporcionado, ridículo. Su forma de tomarse en serio la política es, irónicamente, ridícula.
Muy buen artículo.
Publicado por Alvaro Dominguez | marzo 9, 2012, 9:31 pm¡Muchas gracias a ti! Los americanos son muy dados a los thillers/dramas políticos, sobre escándalos y polémicas, y a veces les salen algunos muy buenos. ¿El gran impacto social del caso Watergate? ¿El del caso Lewinsky? EEUU es puro espectáculo hasta en su política. Y aunque no lo parezca, Clooney se está erigiendo como uno de los mayores y mejores responsables de este cine, tras esta y su anterior Buenas noches y buena suerte, con sus inteligentes disecciones de los márgenes de esta arma social.
Publicado por los35milimetros | marzo 10, 2012, 12:59 pm