Negro sobre negro

No habrá paz para los malvados, la octava película del bilbaíno Enrique Urbizu, ha sido la mayor sorpresa de la temporada cinematográfica española, y la cinta que más éxito, a nivel de premios, ha tenido hasta ahora. El film se presentó en el Festival de San Sebastián, donde mereció una magnífica recepción de la prensa y de la crítica, y donde sonó la Concha de Plata para su actor protagonista, José Coronado -que se le otorgó al griego Antonis Kafetzopoulos por Mundo injusto, del también heleno Filippos Tsitos- e incluso la Concha de Oro -que acabó llevándose Los pasos dobles, de Isaki Lacuesta-. Más recientemente, lideró los Premios Forqué, que entrega la EGEDA, haciéndose con el premio a mejor película y mejor actor. Y esta semana, fue también la máxima triunfadora de los Premios CEC, los galardones que otorga el Círculo de Escritores Cinematográficos, mereciendo cinco de sus honores, a mejor película, director, actor, montaje y música. Y lo que nos queda: este domingo se entregarán los Premios Goya, a los que opta con 14 candidaturas, y que encumbrarán a este film, o a la otra gran favorita de la temporada, La piel que habito, de Pedro Almodóvar. Tal y como está la cosa, muy probablemente No habrá paz para los malvados será la triunfadora de la noche, ya que tanto los Forqué como los CEC -en la que la total y absoluta ausencia de la obra del manchego es algo irrisoria- han colocado a la de Urbizu como el contrincante más fuerte de la competición.

La cinta nos adentra en un bache en la acelerada vida del inspector de policía Santos Trinidad (Coronado), que se ve involucrado en un triple asesinato, del que es responsable, por lo que luchará para evitar ser incriminado, comenzando una cacería particular con el objetivo de silenciar a su único testigo. A la vez, la juez Chacón (el segundo papel de la cantante de Delafé y las Flores Azules, Helena Miquel) se encarga de la investigación del triple crimen. Y pronto, ambos investigadores se verán envueltos en una trama mucho más complicada de lo que parecía. La historia, y la película, son un sólido ejercicio fílmico en el que Enrique Urbizu juega muy bien con los parámetros del thriller y, sobre todo, del cine negro. El bilbaíno sabe muy bien lo que hace, demuestra una maestría impoluta en la dirección del film, y expone las diferentes capas de la obra -las investigaciones, las tramas ilegales- de una manera ejemplar: No habrá paz para los malvados se erige en dos caminos paralelos en la búsqueda de la verdad, el encubierto e inmoral de Trinidad, y el correcto y legal de Chacón. Pero los dos van a dar a un mismo fondo negro, a un pozo en el que, como siempre suele suceder, lo que se encuentra es mucho más grande de lo esperado. Urbizu envuelve en una simple trama de drogas algo que está presente en la sociedad del mundo post-11S y, mejor dicho, post-11M: el terrorismo islámico. El film invade al espectador con una sombría incertidumbre, a través de un guion que avanza a trompicones, al igual que las investigaciones que le dan forma, y que van a desembocar a un final tan gélido como apoteósico.

Estamos ante una cinta poderosa, una muestra impecable de que en el cine español puede haber hueco para el género. No obstante, No habrá paz para los malvados está algo falta de alma. Como todas las películas de género, raras veces el rígido marco estilístico imprime personalidad al producto, aunque la factura y el argumento sea mucho más que correcto, y, tampoco sus personajes -a excepción del de Coronado- ayudan a profundizar en él. Existe también una indirecta relación con una factura televisiva procedente en su mayor parte de las series policiacas americanas, por su tratamiento y su argumento, que puede minar la fuerza de la película. Sin embargo, aunque se pueda decir esto, Urbizu, que ya se había consagrado como el director estandarte del cine negro español -tras La caja 507 (2002) y el drama La vida mancha (2003), puesto que sus títulos anteriores son bastante irregulares-, desenvuelve perfectamente su trabajo y lo hace con un objetivo muy claro en mente: ahondar en un género para sacar lo mejor de él. ¿Pero es la mejor película española del año?

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