Un suave bolero de amor y color

Chico y Rita es la primera cinta de animación de Fernando Trueba, uno de los cineastas españoles más importantes de la actualidad, y responsable de la segunda película española que se llevó el Oscar en la historia de los premios, Belle époque (1992). Y Chico y Rita es la primera cinta de animación de Javier Mariscal, uno de los más reconocidos -o el más reconocido- artista y diseñador del país, responsable de obras como Cobi, la mascota de los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, o la más reciente escultura Crash! -a la que se le hace un homenaje en el film-, participante de la feria ARCO 2006. Trueba y Mariscal -junto con la inestimable ayuda que supuso la dirección de los animadores por parte de Tono Errando, hermano del diseñador gráfico-, unen fuerzas para conseguir una conjunción multidisciplinar de talentos que desembocan en la cinta de animación más aclamada de la cinematografía española: el año pasado se llevó el Goya en dicha categoría, este año se hizo con el Premio del Cine Europeo y el reconocimiento de los Premios Forqué, está nominada a mejor film en los Premios Annie, y el mes pasado supimos que opta al Oscar a mejor película animada, siendo la única representación patria -junto, técnicamente, a Alberto Iglesias y su banda sonora de El topo- en todos los premios y compitiendo con títulos como Rango (Gore Verbinski, 2011) o El gato con botas (Chris Miller, 2011). Y para colmo, ayer se coronó como la mejor película del año -ya sea de animación o no- por los Premios Sant Jordi, los galardones que otorga la RNE. Desde luego, Chico y Rita es en sí misma, un logro asombroso.

Pero está claro que el logro no se consiguió partiendo de la nada, sino que los dos grandes nombres que trabajaron juntos en este proyecto, cuya fama les precede, se unieron en una nueva demostración de saber hacer, de esfuerzo y, sobre todo, de talento. Fernando Trueba aporta su experiencia cinematográfica a la historia de Chico, un joven pianista de jazz que se enamora de Rita, una joven cantante, en La Habana de finales de los años 40, pre-revolucionaria y en plena explosión artística, a partir de lo cual no van a poder ignorar su amor, que los unirá y los separará durante toda su vida, en un apasionado baile, ya sea en Nueva York, París o la capital cubana. Javier Mariscal, por su parte, contribuye con su arrebatadora visión artística: su estudio propone una Cuba colorida, adornada de un vivo retrato de sus gentes, sus calles y sus luces, a través de una animación artesana que juega con las dos y las tres dimensiones. Y lo que podemos considerar la tercera pata del trípode, la música, tan importante en la cinta como el dibujo y la historia, trabajo del brillante músico habanero Bebo Valdés -el gran personaje en el que se inspira la película, según sus directores- con ayuda de cantantes como Estrella Morente o homenajes a artistas de la talla de Nat King Cole y Tito Puente. La película es una partitura de color y jazz, en la que una historia de amor es la letra, que, sin embargo, no se escucha con mucha fuerza: se le puede reprochar la falta de profundidad de un guion que no acaba de despegar, que no sabe expresarse con la pasión que requería la historia y que no es capaz de retratar a unos personajes -aunque sean de animación- como mejor se podría hacer. Pero la canción final, el bolero final, no suena nada mal.

Acerca de estos anuncios

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s