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La realidad versus la realidad

Nader y Simin, una separación va sobre Nader y Simin, un matrimonio que comienza los trámites de su divorcio porque él, Nader (Peyman Moaadi), ha decidido no abandonar Irán en busca de una vida mejor, como tenían pensado para garantizarle un futuro a su hija, Termeh, por no querer dejar a su padre, al que le han diagnosticado Alzheimer. La autoridad iraní piensa que no hay motivos suficientes para concederle el divorcio, y ella, Simin (Leila Hatami, una suerte de Ingrid Bergman iraní), se muda a vivir con sus padres. Él se queda con la niña y decide contratar a una mujer que le ayude a cuidar a su padre. Un día, al llegar a casa, Nader encuentra al anciano atado a su cama. Y a partir de ahí, todo empieza. Nader y Simin, una separación no necesita más presentación -bueno, igual que se llevó el Oso de Oro y los premios a la interpretación para todo su reparto en la pasada Berlinale con pasmosa unanimidad por parte de la crítica, es la película extranjera más premiada por los círculos de críticos americanos y acaba de ser nominada a los Globos de Oro-. No necesita ninguna información sobre su género, sobre su estilo cinematográfico, sobre la autoría de su director. Nader y Simin, una separación se debe a su historia, se debe a sus personajes y se debe a su realidad, a la realidad.

Su director, el iraní Asghar Farhadi, ha demostrado definitivamente con esta película -ya lo hizo con A propósito de Elly (2009)- ser un auténtico maestro del cine, ese arte que se basa en la realidad. Farhadi viene de Irán, y es el rara avis del panorama cinematográfico de su país. Si normalmente en cuanto una persona piensa en películas iraníes se remite a cintas sobre personajes dejados de la mano de Alá luchando contra sus infrahumanas condiciones, fábulas sobre la pobreza y el terrorismo talibán o contemplativas y laureadas alegorías a la vida y a la muerte (títulos de Mohsen y Hana Makhmalbaf, Bahman Ghobadi o Abbas Kiarostami), uno no se imagina que el director que nos ocupa proviene de esta escuela. Farhadi no utiliza estilos personalísimos ni originalísimos: rueda películas que no son nada más que la más pura realidad, y con ello alcanza una forma única y ya característica de su obra. Lo que cuenta trasciende inmediatamente a nuestra mentalidad: es una realidad tan cercana, tan nuestra, que es imposible no introducirse en ella como un personaje más. Todos tenemos familias y problemas, y todos los actos que realizamos a su respecto tienen consecuencias. Y además, el iraní es perfectamente capaz de retratar en ellas los problemas tanto personales como sociales: su obra es una ferviente crítica a las incongruencias de la sociedad iraní actual que estimula tanto como fascina a cualquier espectador.

Nader y Simin, una separación narra con un fortísimo pulso -su guion está también siendo galardonado en la temporada de premios americana- la odisea judicial, moral y personal en la que se embarcan todos sus personajes. No trata sobre el divorcio que comienza el film, sino que este es solo un mero detonante de todos los hechos que la ocupan: el maltrato al anciano, la pérdida del hijo que esperaba la cuidadora, la posible encarcelación del marido de esta y el propio Nader por ello, la ética de la hija y la mujer, y mucho más. Y planeando encima de todo, el fundamentalismo musulmán, que choca reiteradamente con la realidad de la sociedad actual. En base a esto, la película plantea unas de las más interesantes preguntas que el cine reciente se ha hecho. En ella, la realidad también choca con la realidad, con las realidades de todos y cada uno de los personajes. Las verdades, las medias verdades y las mentiras son el instrumento que utiliza magistralmente Farhadi para otorgarle a la cinta la fuerza de un thriller y la intensidad del mejor de los dramas. Nader y Simin… puede ser, y es, una de las mejores películas del año, y visto lo visto, no se va a quedar sin reconocimientos, y Farhadi, uno de los autores -sin ser autor- más interesantes e imprescindibles del cine actual. Nosotros estamos seguros: no os la podéis perder.

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Acerca de David González

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