Miranda July es una chica de mirada triste y lánguida belleza que lo tiene todo para ser amada: es una eminente artista del performance, es escritora de relatos que antes de ser publicados como libros (su colección de cuentos Nadie es más de aquí que tú ha sido publicada en España por Seix Barral) han aparecido en cabeceras literarias como el New Yorker, ha grabado algunos epés musicales en los años 90, ha fundado la comunidad artística online Learning to Love You More y ha debutado como directora -y actriz protagonista- llevándose a casa ni más ni menos que la Cámara de Oro a mejor ópera prima en la edición de Cannes del 2005 -tras un Premio del Jurado meses antes en Sundance-. Y no os lo perdáis, en el instituto era la mejor amiga de Johanna Fateman -la rubia del grupo ultramoderno por excelencia Le Tigre- y ahora es la novia de Mike Mills, el director de las estupendas Thumbsucker (2005) y la reciente Beginners (2011). ¿Puede tener algo más? Por otra parte, Miranda July es una chica que lo tiene todo para ser odiada: hace de todo y todo lo hace ¿bien?
Cuando llegó a la riviera francesa con su Tú, yo y todos los demás bajo el brazo probablemente muchos se mostraban escépticos hacia ella: July era la última artista supercool que había decidido lanzarse a hacer cine. Pero el jurado de la Cámara de Oro, presidido por el imprescindible Abbas Kiarostami (El sabor de las cerezas, 1997, Copie conforme, 2010), no dudó en alejar de ella cualquier sospecha de nula calidad cinematográfica cubierta con pretensión artística otorgándole su -merecido- premio. Y precisamente ese haya sido el mayor sambenito de la July, su pretensión artística, que hace que su obra pueda ser tanto encumbrada por el hipster arduo de arte nuevo, nuevísimo, como denostada por el alérgico a la creación y a todo lo que huela a moderno. Si algo hacía Tú, yo y todos los demás era prometer una nueva, original e interesantísima visión a tener en cuenta, y, a juzgar por su nueva El futuro, que se estrenó ayer en España, no estaba en absoluto desencaminada. Las -dos- películas de la July demuestran a una directora con una rabiosa vocación artística (para lo bueno -que es muy bueno- y lo malo -que puede llegar a ser muy malo-) que crea nuevas formas visuales, rechaza todos los modelos narrativos convencionales, y crea su propio mundo. Este, su mundo, aparece impregnado de una ambigüedad que late entre el humor y el patetismo, entre la sátira social y la autoparodia, entre la ingenuidad y una cierta vocación de subversión, trufado de surrealismos y extravagantes desafíos a la inteligencia del espectador, y todo ello empaquetado en un envoltorio de suaves colores pastel y bandas sonoras que protagonizarían los sueños más húmedos de los críticos de Pitchfork. La July es excéntrica como un gato rosa, pero tenemos la ligera sospecha de que a ella le gustaría ser comparada con algo así.
Tú, yo y todos los demás (2005)
En su estupenda ópera prima, July expuso y creó como solo ella sabe hacer un universo casi paralelo, poético y a veces surrealista, que nace de lo más mundano y personal del nuestro propio. En una interesante estructura coral, Tú, yo y todos los demás cuenta las vidas de Christine (July), una artista solitaria que utiliza sus fantasías para sentirse más cerca de lo que quiere, y Richard (John Hawkes), un dependiente de zapatería que conoce a Christine que tiene cierta aversión a las relaciones personales; pero también de los hijos de Richard (Robby, que mantiene extrañas -y graciosas- relaciones personales con gente a través de internet, y Peter, que entra de lleno en la edad del pavo y se empieza a relacionar con sus vecinas) y demás personajes que tienen cabida alrededor de las vidas de los protagonistas. July era capaz de volcar su fructífero mundo artístico -no sin una cierta pedantería que hasta se agradecía- llenando de romanticismo, ternura y frescura un chocante e innovador retrato de una sociedad por partes, tal y como las partes de nuestra personalidad, la de cada uno, que se unen sin razón o motivo aparente para formar un todo único e, involuntariamente, indivisible.
El futuro (2011)
En su segundo film, July lleva al máximo exponente lo que en Tú, yo y todos los demás eran las pequeñas guindas que decoraban y hacían apetitoso el pastel. El futuro, presentada este año en Berlín, narra la crisis de una pareja de treintañeros, Sophie (July) y Jason (Hamish Linklater, un nada desdeñable actor que, admitámoslo, podría ser el alter ego masculino de July), que deciden adoptar a un gato, a partir de lo cual se empiezan a plantear su vida y su futuro juntos, como pareja, y comienzan a distorsionar su percepción de la realidad, del tiempo y del espacio. A partir de ahí, la directora crea su historia a partir de lo ridículo de sus detalles, como que el gato -sí, el gato- empieza a narrar ciertas partes de la historia haciendo alarde de un pesimista existencialismo, o que él piensa subsanar su crisis luchando por el medio ambiente, y ella, haciendo una coreografía en el Youtube cada día. July retrata desde su interesante visión la vacuidad de la sociedad moderna, la sociedad de internet, en la que suponemos que todos deberíamos estar más comunicados y concienciados con todo lo que nos rodea, pero no, no ayuda en absoluto a nuestros problemas existenciales y personales. Las guindas surrealistas, ridículas y excéntricas de su obra son aquí el ingrediente base, y quizá por ello, se haga a veces el pastel un poco difícil de tragar, lo que mina la conexión entre el espectador y lo que le pasa a sus protagonistas. Pero, a pesar de ello, su estilo sigue siendo auténtico y, aunque esta esté lejos de su debut, tiene denominación de origen -mención aparte merece la estupenda banda sonora de Jon Brion, conocido por sus estupendos trabajos con Paul Thomas Anderson y Charlie Kaufman, y en la que destaca la brillante Master of None de los Beach House-. Sabemos que no se puede reducir una obra cinematográfica a eso, al estilo, pero demuestra que talento, hay, y próximas y buenas películas, probablemente también. Creemos en tu futuro, July.










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