Ellos, nosotros y mucha gente

“Alemania, principios de los años sesenta. El joven Bernward Vesper (August Diehl), que aspira a ser escritor, intenta, al mismo tiempo, probar la inocencia de su padre, el poeta Will Vesper, acusado de simpatizar con el nazismo. Mientras tanto, Bernward conoce a Gudrun (Lena Lauzemis) y a su amiga Dörte (Vicky Krieps) y surge entre ellos un “menage à trois” sin futuro, porque Bernward y Gudrun están enamorados. Su historia de amor está llena de placeres, dolores y excesos. Pero, al cambiar radicalmente la situación de Alemania, ambos deciden participar activamente en la historia de su país.” Esta es la sinopsis de la Si no nosotros, ¿quién?, primer incursión en la ficción del respetado documentalista alemán Andres Veiel, autor de obras tan jugosas como Balagan (1994), en la que disecciona la sociedad y las consecuencias de sus hechos dando el protagonismo a un actor judío ortodoxo, una hija de un superviviente de un campo de concentración y un palestino que ponen en marcha una obra de teatro sobre la presencia del holocausto en la sociedad israelí. La película, que no consiguió maravillosas críticas tras su presentación en la edición de este año de la Berlinale, sigue la vida de los dos jóvenes, Vesper y Gudrun, íntimamente ligada a los hechos históricos de la segunda parte del siglo XX, los cuales Veiel introduce en la trama y trata como si de un personaje más se tratase. La importancia del contexto histórico y de los sucesos en sí mismos otorga un muy interesante punto de vista que convierte a este drama en una suerte de responsable análisis histórico, que va desde el juicio a las manos derechas de Hitler hasta la ofensiva norteamericana en la guerra de Vietnam. Veiel demuestra un compromiso ético con la situación histórica totalmente admirable que en este caso se superpone a la narración personal y que impide que se llegue totalmente al corazón de la historia de los personajes. Si no nosotros, ¿quién? pretende contar mucho, y eso es loable, pero se pierde a veces en su frialdad, no permite llegar al meollo de la cuestión porque intenta abarcar demasiado y no acaba de alcanzar un buen nexo entre las preocupaciones personales (y con desmesurada importancia, sexuales) y sus preocupaciones políticas, éticas e históricas. Sin embargo, es una película que se agradece, con un espíritu reivindicativo que no se suele encontrar actualmente en las carteleras del cine comercial. Tras su paso por la temporada de festivales (el Cineuropa compostelano y el festival de cine europeo de Sevilla, donde se llevó el Giraldillo de Plata) se estrena hoy en los cines españoles y, con permiso de Un método peligroso de David Cronenberg, es lo más interesante que podremos ver este fin de semana.

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