Kore-eda, el maestro del cine de papel

No es fácil resumir en pocas palabras el cine de Hirokazu Kore-eda. Podríamos hablar de películas complejas que cuentan con sencillez historias tristes llenas de momentos luminosos. Películas sobre la familia, el paso del tiempo, la infancia, la vejez, la soledad, la amistad. Películas que hablan ni más ni menos que de la vida. Sobre la carrera de este director japonés no hace falta contar demasiado, reconocido internacionalmente, alabado en todos los festivales del mundo, se ha convertido por méritos propios en uno de los referentes más importantes del cine contemporáneo. Cada uno de sus estrenos está marcado en rojo en la agenda de cualquier cinéfilo que se precie, el próximo será Kiseki (Milagro) que aún no cuenta con fecha confirmada para su debut en las salas españolas. Su paso por el Festival de San Sebastián se saldó con un premio a su guion que olía a Concha de Oro. Nosotros hemos tenido el placer de disfrutar del último trabajo de Kore-eda gracias al festival Cineuropa y para celebrarlo vamos a hacer un repaso por los títulos que convierten a este director en un imprescindible de nuestros tiempos.

Nadie Sabe (2004)

Con esta historia sobre cuatro hermanos abandonados por su madre en un pequeño apartamento de Tokio, Kore-eda se metió al Festival de Cannes en el bolsillo y su joven protagonista, Yûya Yagira, se llevó el premio al mejor actor en la Croisette. La soledad de los cuatro hermanos que intentan salir adelante impregna toda la película con una tristeza inmensa, que no impide que la luz y la magia se cuelen, reglando al espectador momentos de belleza impagables que ningún otro director actual es capaz de crear. Entre todos los aspectos que hacen de esta cinta algo único destaca la naturalidad con la que los niños interpretan sus papeles. Sus gestos, sus miradas y sus palabras son tan reales que es imposible poner barreras entre la realidad y la ficción. El drama se revela tan humano, tan próximo, que todo lo que le ocurre a los cuatro hermanos acaba por convertirse en personal, en propio, una sensación que se queda contigo hasta mucho después de que las luces de la sala se enciendan.

Aruitemo, aruitemo (Caminando) (2008)

Otra vez la familia se convierte en el eje de todo. En esta ocasión la madre no abandona a sus hijos ya adultos, al contrario, reclama su atención, su cariño y recuerda con añoranza al hijo ausente, fallecido varios años atrás. Caminando es la crónica de un reencuentro familiar, de esos que tantos dolores de cabeza levantan, tantas angustias provocan y que a veces consiguen brindarnos momentos de felicidad. El centro de esta familia son dos ancianos padres, conscientes de que lo único que les espera es la muerte. Esta no es una familia idílica, los problemas existen y no hace falta rascar mucho para encontrarlos. También hay secretos, heridas abiertas que los años no han conseguido cicatrizar por completo. Una vez más la soledad y la tristeza bailan con la belleza y la felicidad en otra película mágica, una historia sencilla pero ambiciosa y compleja, suena paradójico pero esa es la esencia del cine de Kore-eda.

Air Doll (Muñeca de aire) (2009)

Estamos probablemente ante el experimento más extraño de Koreeda. Esta es una de esas películas polémicas que obligan a posicionamientos extremos: en un lado se ponen los fervientes enamorados que ven en la película una muestra de sensibilidad y delicadeza única y en el otro los detractores que opinan que es difícil ser más cursi y azucarado. En cierto modo conseguir un debate tan encendido es un mérito en sí mismo. Pocas son las películas que consiguen despertar pasiones en un cine como el actual, tan saturado de superhéroes y comedias románticas trilladísimas que repiten esquemas y arrasan taquillas año tras año. Polémicas aparte, hay cosas que son indiscutibles y la belleza estética de Air Doll es una de ellas. Puede resultar cargante, pesada o sensiblera pero las imágenes que Kore-eda nos ofrece en esta cinta son impagables. La luz que ilumina los ojos de una muñeca hinchable convertida en humana, una extraña mezcla entre conejita playboy y niña inocente, una nueva dimensión de erotismo de autor, tan atípico como fascinante.

Kiseki (Milagro) (2011)

La última obra de Kore-eda nos muestra la faceta más luminosa del autor. La historia se centra en dos hermanos que viven separados el uno del otro a causa del divorcio de sus padres. Los dos son felices, disfrutan cada día de la inquebrantable amistad de sus amigos, del cariño de sus familias y de la tranquila cotidianidad de sus vidas, solo hay algo que falla: no se tienen el uno al otro. La inauguración de un tren bala que unirá las ciudades en las que viven marca el inicio de una aventura que jamás podrán olvidar. El mayor de los hermanos cree que cuando los dos trenes que salen de cada una de las ciudades hagan su primer viaje y se encuentren a mitad de camino se producirá un milagro y los deseos de quienes presencien el cruce de las máquinas se cumplirán. Los planes para llevar a cabo la expedición que les llevará a cambiar su vida para siempre comienzan y desde el primer momento nos sumergimos en una fantástica peripecia en la que nos sentimos uno más de la pandilla, nos ilusionamos con ellos, sentimos su emoción y sus nervios y dentro de nosotros mismos volvemos a creer que los milagros existen, que todavía hay razones para creer que los sueños se pueden hacer realidad. La cinta es más que nada un regalo, un instante de felicidad que Kore-eda nos ofrece y que no podemos más que agradecer. Es un placer salir de la sala con la sensación de sentirnos un poco más humanos, un poco mejores.

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